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Un libro de altura

12-diciembre-2016

 

Con motivo del Día Internacional de las Montañas se presentó en la Diputación de Huesca el libro de Javier Ara, "Vivir en las alturas", cuyo autor, premio a la Edición en los Félix de Azara 2015. El libro plasma en 125 fotografías, acompañadas de textos y a modo de estudio, la peculiar fauna y flora que puebla las zonas más elevadas de la geografía altoaragonesa, por encima del límite del bosque (entre los 1800 y los 3000 metros aproximadamente), y que tiene muchos puntos en común con las de zonas del Ártico.

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Presentacion libro Vivir Alturas diciembre2016A través de sus páginas, se muestra la geología y formación de los Pirineos y, sobre todo, cómo los animales y plantas prosperan en la alta montaña gracias a adaptaciones fisiológicas y comportamientos modelados a lo largo de miles de años, habituándose a unas condiciones de vida muy especiales: inclinadas laderas, fuertes oscilaciones térmicas, una atmósfera con menos oxígeno y largos y duros inviernos. “Muchas de estas especies llegaron con las glaciaciones, algunas se fueron con los hielos a la parte norte de Europa y otras quedaron confinadas en los picos más altos de los Pirineos”, explicó el fotógrafo.

Natural de Sabiñánigo, Javier Ara ha dedicado buena parte de su vida a fotografiar la naturaleza de las montañas, especialmente la fauna. Lo que quería era “mostrar las bellezas que se pueden encontrar en la alta montaña”. Ara ha participado en cerca de 70 libros y en las mejores revistas especializadas de naturaleza, en exposiciones individuales y colectivas de España y en otros países y ha recibido premios de fotografía como el Internacional David Gómez Samiter, dentro de los Félix de Azara, siendo accésit en varias convocatorias. 

Javier Ara habló también de la “presión” que sufren áreas del Pirineo y el declive de las especies de montaña porque, según él, cada vez les quedan menos lugares donde vivir y sus zonas de cría se quedan reducidas a unos pocos lugares de difícil acceso. Para el fotógrafo de naturaleza, estas publicaciones cumplen otra función: “la de saber que cuando se va a la montaña, hay unos seres vivos que son muy vulnerables, en referencia a la necesidad de ir con otra mentalidad y con más cuidado. “Hay que compatibilizar salir al monte y respetar a los animales”, insiste Ara, quien alerta de “un cambio climático que parece que es muy rápido y a algunas especies les puede costar la existencia”.

Armiño en inviernoAlgunas especies especialistas en vivir en el frío 

Entre los mamíferos el sarrio es el que queda recogido como el más representativo de los Pirineos y la perdiz nival como el ave que vive a mayor altura, entre los 2.000 ó 3.000 metros de altura, cambiando de plumaje en cada época del año. También se pueden encontrar el gorrión y el acentor alpino, muy difícil de ver en los llanos; todavía más escasos son el mochuelo boreal o el urogallo pirenaico, que se refugian en altos bosques de pino negro.

Llaman la atención las instantáneas del armiño, el conocido como “el carnívoro de colores” o la marmota alpina, que pasa el invierno, invernando. También tienen su hueco el águila real o el quebrantahuesos con espectaculares fotografías y anfibios como la rana pirenaica.

El pino negro es uno de los árboles más “valientes” y entre las flores las que hay que rompen el hielo para crecer como la Galanthus nivalis. La oreja de oso (Ramonda myconi) es otro endemismo pirenaico que en este caso pertenece a una familia de flora tropical, una reliquia que llegó a las montañas antes de las glaciaciones cuando el clima era más cálido que el actual. Bajo las aguas del glaciar de las Maladetas, aparece el Ranunculus glacialis, probablemente la planta más resistente de los Pirineos. Esta flor solamente crece en zonas árticas o cadenas montañosas frías y tiene el récord de altura en Europa.

Hay unas comunidades vegetales que también quedan plasmadas en el libro, los líquenes, pioneros de los seres vivos en la alta montaña y que pueden servir de base para otras plantas. Son tan resistentes que se las han llevado en vuelos hasta la Estación Espacial Internacional y han aguantado expuestas a condiciones espaciales, a las radiaciones cósmicas y ultravioletas sin protección alguna. El rhizocarpon, por ejemplo, es de extrema longevidad (4500 años), tanto como para crecer menos de 5 milímetros en un siglo.

Líquenes Silene Acaulis Perdiz Nival

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